viernes, 27 de abril de 2012

Mis amigos me llaman Celi.

  No se muy bien que significa ser una chica normal para la sociedad de hoy en día, pero para mí, independientemente de la forma de vestir y demás cosas prototípicas, una chica normal es aquella a la que lo que la gente pueda opinar de su aspecto le es indiferente, es aquella que no le importa si su personalidad gustará a todos o no, aquella que cada mañana se despierta pensando que ese va a ser un buen día, que es capaz de sacar unas notas bastante aceptables con constancia y esfuerzo, porque una chica normal debe saber lo que quiere, no con exactitud, pero si ha de tener claras sus expectativas, sus sueños y sus deseos, para así saber que está dispuesta a sacrificar, lo que quiere recibir y todo aquello que puede dar. En mi opinión, ser una chica normal conlleva todo eso y seguramente más cosas que se me escapan, al fin y al cabo no soy una chica del todo normal, o eso afirma la mayoría de la gente a mi alrededor.  


   Pero aún así existe un  grupo de personas que, a pesar de que mi aspecto y mis personalidad no concuerden con el prototipo de chica normal de estos tiempos, me aceptan tal y como soy, sin cuestionar nada se limitan a quererme y a ayudarme sin importarles lo que las otras personas piensen. Dicho grupo de personas me apoya cada día y me da fuerzas para seguir adelante, a pesar de los continuados obstáculos que la vida pone en mi camino. Son esas personas las que considero verdaderos amigos, amigos de verdad, no simples conocidos que alegan conocerme, ellos son distintos, son personas a las que vale la pena tener en mi vida y no me arrepiento de abrirles mi corazón, aunque eso signifique ir en contra de mis principios. 


   Nunca pensé tener personas así en mi entorno, en mi vida cada día, ellos son especiales, son mis amigos, y mis amigos, me llaman Celi.

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